La emancipación: un proceso difícil y doloroso

11/Jun/2015

Enlace Judío, Por Marcos Gojman

La emancipación: un proceso difícil y doloroso

La emancipación, el reconocer que los judíos
tenían los mismos derechos que los demás ciudadanos, fue visto como un cambio
histórico que anunciaba un mejor futuro para el pueblo judío y se convirtió en
un asunto central para los judíos en todas partes, aunque cada comunidad tuvo
que luchar su propia batalla para lograrlo.
En muchos lugares fue un largo proceso de
integración social y económica del judío dentro de la sociedad gentil y que
además requirió el renunciar a su forma tradicional de vida. En 1789 el conde
de Clermont Tonnere, en su famoso discurso ante la Asamblea Nacional francesa,
dijo: “A los judíos hay que negarles todo como nación pero hay que darles todo
como individuos”. Los franceses introdujeron este tipo de emancipación a todos
los países que conquistó Napoleón.
Ya sea como resultado de una elección deliberada,
como en Francia, o como algo impuesto a fuerzas, como en Alemania o Italia, o
el producto de un largo proceso de maduración socio cultural, como en el
imperio Austro Húngaro, la emancipación fue un proceso difícil y doloroso. La
acostumbrada animosidad religiosa del gentil hacia el judío no lo hizo fácil.
La emancipación sufrió retrocesos en los años
posteriores al congreso de Viena de 1814-15, después de la derrota de Napoleón.
Sin embargo, grupos liberales y democráticos tomaron la bandera de la emancipación
de los judíos como un asunto central de sus campañas políticas. Para 1848, la
idea de la igualdad para los judíos era un concepto aceptado en los países
occidentales.
La emancipación tuvo su propio calendario. Se
logró en 1786 en el estado de Virginia, en 1787 en todos los Estados Unidos, en
1791 en Francia, en 1796 en Holanda, en 1812 en Prusia, en 1814 en Dinamarca,
en 1831 en Bélgica, en 1832 en Canadá, en 1866 en Suiza. En 1867 se consigue en
Austria y Hungría, en 1869 en Italia, en 1870 en Suecia y en Grecia, en 1871 en
Gran Bretaña y en Alemania. En 1919 en Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y
Rumania. En 1917 en Rusia, cuando el gobierno ruso les dio la igualdad de
derechos a todos sus ciudadanos. En Polonia fue hasta 1935.
En América Latina se dio como consecuencia de
los movimientos de independencia de cada país, a principios y mediados del
siglo XIX. En el mundo islámico no hubo emancipación en el sentido occidental.
En el imperio otomano el sultán dio la igualdad de derechos dos veces, en 1839
y 1856 para judíos y cristianos. La revolución de los jóvenes turcos en 1908 lo
ratificó. En Yemen nunca se les dio igualdad de derechos a los judíos. En
Egipto, Siria, Libia, Marruecos, Argelia y Túnez, se les otorgó de manera
oficial, pero fueron revocados después de la guerra de independencia de Israel.
Hoy en día nos cuesta trabajo pensar que hubo
lugares y épocas donde el judío no tenía los mismos derechos que cualquier otro
ciudadano. Conseguirlo no fue un proceso natural y sencillo, sino difícil y
doloroso.